«Una ilustración no sólo puede decir más que mil palabras, sino que, además, es capaz de mostrar sentimientos profundos que sólo un psicoanalista podría expresar. Una radiografía social y personal a través de la sencillez y la fragilidad de la línea dibujada. Una mezcla explosiva de lo que somos. Un lenguaje de códigos sencillos, inocentes y básicos que es capaz de expresar ideas y sentimientos complejos. Un acceso directo a la fantasía, una autopista a la imaginación más profunda: la materia prima de los sueños.
Ten cuidado… el universo, la vida ―tú mismo en definitiva―, interpreta que aquello en lo que piensas es aquello que tú quieres para la realidad».